El Negosis instala oficina en el camino del Pou de la Riba a primera hora de la mañana y en menos de media hora ya había cola de vecinos, alguno con silla de plástico y otro con checolate en la mano. El asunto, que empezó como una mejora de servicio, acabó en conflicto vecinal de los de toda la vida.
A eso de las 8:10h, y con una precisión que ya quisieran en el ayuntamiento, el herrero de la Línea colocó un tablón, una banqueta y una libreta, dejando la oficina en mitad del camino. La operación, conocida ya como oficina del Pou de la Riba, duró lo justo para que La Puri la viera con los prismáticos y avisara a media contornà.
Qué ha pasado en el camino
Según los primeros testigos, el Negosis midió el sitio a ojo, dijo que “això és un punt estratègic” y plantó allí su despacho con dos piedras, una mesa, un gancho y una caja de tornillos. La idea era atender “negocis de ferralla i xanxullos varios”, pero el invento acabó ocupando el camino como si fuera suyo de hace años.
El problema no fue solo la ubicación, sino que la cola de vecinos empezó a crecer por el camino. Había gente para preguntar por una reja, por un clavo o por si el mojón se movía o ya venía torcido de antes.
“Yo he venido a por un presupuesto y me he encontrado la oficina encima del camino, que eso ya no es bancal ni es nada, es una cosa de la Línea”, aseguró un vecino mientras esperaba sentado en una pared de piedras.
El Pou de la Riba, donde los mojones tienen memoria
En el Pou de la Riba, cualquier piedra amontonada tiene más historia que una boda de antes. Allí la propiedad rústica y bancales se miran de reojo, y una ocupación de mojones puede dar para hablar toda una sobremesa sin necesidad de torrà.
Fuentes del lugar explican que el terreno es de uso agrario, aunque en este caso el uso pasó a ser administrativo, comercial y un poco filosófico. Nadie ha sabido decir si la mesa estaba dentro o fuera del límite, pero el camino sí que quedó atrapado entre dos decisiones malas.
“Això d’ara ja no és oficina, és una declaració de guerra”, dijo una masovera con el cistell bajo el brazo.
Al cierre de esta edición, el Negosis seguía tomando notas y ofreciendo “solucions de ferralla” a quien se acercaba. En el pueblo ya se comenta que, si la cosa sigue, el próximo despacho lo abre en una piedra de los bancales del barranco y con campana incluida.

